Por Favor Sr. Cartero

Tue 30 June 1992

La leyenda cuenta que en el año 490 A.C., el soldado Filípides, cansado y maltrecho, después de haber corrido los kilómetros que separan a Atenas de Maratón, donde se había librado batalla contra los persas, falleció en los brazos de los atenienses, no sin antes entregar su mensaje: ¡Victoria!.

Más de una vez en la historia, en tiempos de paz y de guerra, vidas y bienes han dependido de la entrega de un mensaje. Las leyes de muchos países velan su inviolabilidad y la seguridad en la entrega del correo. Aquí ,en Venezuela, el correo está protegido nada más y nada menos que por La Constitución.

¿Nunca han oído aquello de “Llueva, truene o relampaguee el correo siempre llega a su destino”? En otras partes del mundo, el correo se usa cotidianamente para enviar desde invitaciones a fiestas hasta el pago del impuesto sobre la renta. Por alguna extraña razón, en Venezuela no tenemos esa confianza en el sistema postal.

A través de la historia, se ha usado cualquier medio disponible para transportar el correo. Hay muchísimos ejemplos: para empezar, el sistema del desafortunado Filípides; también las carreras de relevo, como hacían los incas para enviar sus kipus (cuerdas anudadas según un código decimal); el legendario Pony Express del lejano oeste norteamericano; las palomas mensajeras, muy usadas en tiempos de guerra (y contra las cuáles se organizaban partidas de cacería, al estilo Patán de Hanna-Barbera).; barcos, trenes y aviones, y así, hasta el más moderno sistema postal: el correo electrónico (en lo que sigue, simplemente correoE).

Tal vez el correoE nació con el telégrafo, como una manera rápida y económica de enviar mensajes. Aunque los bip-biii-bip, estaban fuera de la comprensión de la mayoría, había personas encargadas de traducir los piticos a palabras inteligibles, y viceversa. El correoE moderno también usa los bip-biii-bip, pero a velocidades mayores en varios ordenes de magnitud (miles de piticos por segundo, ¿ no han escuchado la conversación entre aparatos de FAX?)

¿Y cómo es eso del correoE? Pues mensajes, direcciones y un sistema de despacho, tal como en el correo convencional. Solo que el papel y lápiz es substituido por el editor de texto; las direcciones de calles y avenidas por códigos cortos y concretos; los buzones y carteros por ordenadores y programas; y los aviones, trenes y camiones por cables, microondas, etc.

Cualquier empresa, puede proporcionarse un sistema privado de correoE a un costo razonable, acabando definitivamente con el “síndrome del memo extraviado”. Otros tipos de correoE permiten la comunicación entre personas en prácticamente cualquier parte del mundo. La mayoría de estos servicios son pagos, pero las tarifas son mucho más económicas que las del correo convencional. Con servicios básicos, que ya se ofrecen en Venezuela, un mensaje electrónico a otro país (tomando en cuenta los costos de subscripción, mensualidad y tarifa por hora) cuesta menos de la cuarta parte que su equivalente Ipostel.

También existen sistemas de correoE cooperativos muy exitosos a pesar de que el comunismo esté pasado de moda. En éstos sistemas, cada ordenador participa transmitiendo los mensajes de otros ordenadores, un trecho más cerca de su destino. Los usuarios más importantes, como las universidades, corren con los trechos y los costos más grandes. Es una coincidencia interesante que durante el golpe militar dado a Gorbachov en la (ex) Unión Soviética, gran parte de las noticias que lograron atravesar el estado de sitio fueron transmitidas, precisamente, a través de uno de estos sistemas de correoE (deben disculpar que no tenga la referencia a mano).

Pero ¿por qué, en la era del video-teléfono necesitamos un nuevo servicio de correo? Sencillamente, porque el envío masivo de mensajes en un tiempo de entrega razonable, será siempre mucho más económico y más eficiente (como el Metro es más económico que tener carro, y más eficiente para la ciudad). Esto será así aún cuando dispongamos de sistemas de comunicación tridimensional e intercambiemos con nuestros conocidos en una colonia lunar. Pero, aún con la tecnología actual, el correoE es bien interesante, más allá del hecho de evitar el desagradable sabor de la goma de estampillas.

En primer lugar, en esta década ecológica, ningún ahorro en el consumo de papel y energía es despreciable. Por otra parte, hasta James Bond (el agente 007) admiraría la seguridad de los mensajes electrónicos, que pueden codificarse de manera indescifrable hasta para la famosa CIA, con lo cuál, lo que es ley, se cumple de facto. Además, la entrega de los mensajes puede garantizarse casi en un cien por ciento y dentro de un tiempo de entrega mucho menor al del correo habitual.

Para los que odian escribir a máquina, los dictáfonos y el correoE con voz están a la orden del día. Los yuppies no tienen por que privarse, ya que la tecnología necesaria para el correoE celular ya existe. Y para las cartas de amor, la informática ofrece una gama de efectos sublimes de color y sonido, pero los que gustan de firmar sus misivas con su perfume, tendrán que esperar todavía un poco.

Pero, sobre todo, el correoE es una de las formas en que la informática acerca a la humanidad, diluyendo las fronteras nacionales. Incluso la frontera del idioma será rota tarde o temprano, tal vez a través de la traducción automática. La integración de los sistemas de comunicación entre naciones llevará, eventualmente, a que el correoE se convierta en algo cotidiano y global, y a lo mejor, entonces, no dudemos en en intercambiar, en cualquier momento, un par de líneas (solo dos), con alguna persona en Argentina, Francia, Israel, Japón o Australia. Quizás entonces las guerras, siempre producto de la incomprensión, puedan llegar a su fin.