El Enemigo

Fri 03 November 2006

En diciembre de 2002 la gerencia alta y media de PDVSA decidió sumar a la empresa al paro indefinido que estaba en marcha. Las razones no fueron técnicas ni laborales, sino políticas: era una manera de forzar la renuncia del presidente de la república. Alrededor de la mitad de la planta gerencial, profesional, y de obreros se sumó al paro. La otra mitad se quedó, y en buena medida lo evitó. Los que se sumaron al paro (y muchos otros que no encontraron la manera de no asumir bando) fueron despedidos. Hoy la nómina de PDVSA consiste mayoritariamente en las personas que en el 2002 decidieron evitar que la empresa se parara.

Si se presta atención a los discursos que dieron ayer los gerentes de PDVSA alrededor de las 2:00 PM, y los que seguramente darán hoy o mañana miembros de “Gente de Petróleo”, o los que se dieron en 2003, o simplemente se conversa con quienes están hoy en la empresa y con los que estuvieron antes, se puede entender que lo que ocurrió a partir de diciembre de 2002 en PDVSA fue una guerra civil.

Como en una guerra civil, la disputa no fue en torno a temas técnicos (económicos, financieros, ingenieriles, laborales) sino a temas éticos, de los que tocan a la gente bien adentro. Personas que trabajaban codo-a-codo todos los días se convirtieron de la noche a la mañana en adversarios encarnados, y pusieron todo su esfuerzo en lograr la victoria para su lado. Como en una guerra civil, los rencores que se crearon fueron profundos y persistentes.

Como en una guerra civil, pasados más de cuatro años, los de un bando no le otorgan a los del otro ni siquiera una pizca de duda sobre que hayan tenido algo de razón. Las posiciones tomadas fueron extremas, y los del otro bando son “traidores”, no solo a nivel personal sino, por el contexto, también “traidores a la patria”. No importa que lado venció en el 2003, porque las guerras civiles no se acaban, sino que los que perdieron una batalla se aprestan para ganar la otra a como de lugar. Ningún bando admite ni admitirá que la gran equivocación de ambos fue entrar en guerra.

Como en una guerra civil, la situación termina rayando en el absurdo de que al final nadie recuerda bien por qué se está en guerra. En el absurdo de que ahora, el tratar de imponer una reconciliación a los que triunfaron contra el paro, probablemente haga que su reacción sea… un paro. Se olvida la causa, y solo se recuerda al enemigo.

Lo que pasó fue tal que seguramente no va a mejorar pronto ni con un cambio de liderazgo. Como en una guerra civil, solo el tiempo permite que se borren las cicatrices, y, como en una guerra civil, eso va a tomar más de una generación.

El tiempo, el implacable, el que pasó,
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
cuando se han hecho cosas sin querer.

En este breve ciclo en que pasamos
cada paso se da porque se sienta.
Al hacer un recuento ya nos vamos
y la vida pasó sin darnos cuenta.

Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora
a tu saco tan lleno de recuerdos
que cuando menos se imagina afloran.

Porque el tiempo, el implacable, el que pasó,
siempre una huella triste nos dejó.

El tiempo, el Implacable, el que pasó
Pablo Milanés