Caridad

Sat 16 May 2009

Me bautizaron en la iglesita del Barrio El Aeropuerto, allí, cerca del Aeropuerto de Maiquetía y de Catia La Mar. Cuando quise casarme, la Iglesia pidió una fe de mi bautismo, pero la iglesita ya no tenía párroco, y estaba derruida y abandonada. Dije “¡Pues que me vuelvan a bautizar!”, pero no me dejaron, porque mi entorno consideraba eso un sacrilegio (aunque sé que no lo es). Una prima tuvo que mover sus contactos e influencias para lograr hablar con el Obispo de La Guaira y conseguir la requerida fe de bautismo (la cual dudo tenga relación alguna con la original). Hasta allí todo bien.


¡Ah! Pero el día mi matrimonio mi novia se retrasó más de una hora, lo cual llevó no solo a tener que soportar toda clase de bromas por parte de mis familiares y amigos, sino también a que el Padre Pedro tuviera la oportunidad para llamarme aparte.


¿Cuándo te confesaste la última vez?” me preguntó.


¿Cómo decirle que ni siquiera hice la primera comunión?


¡Piensa, piensa, piensa!


Le dije “¡Ay Padre! ¡Si usted supiera!”.


¡Y qué remedio¡ Tuve que confesar mis pecados: la impaciencia, y la arrogancia. Sí, los reconozco.


¿Mi penitencia? La caridad. Y sí, la asumí como deber de pecador empedernido.


Había un carajito que se paraba a pedir limosna todas las noches en el semáforo que está en la salida de la Autopista del Este hacia la Avenida Principal de la Urbina. Todas las noches le entregaba el sencillo que llevaba encima, como hacían muchos otros conductores. Pero pasados un par de años de eso, me di cuenta de algo: el carajito no crecía, ni engordaba. A pesar de todo el dinero que recibía a diario, seguía igualito mes tras mes.


Un día le dije “Súbete y te llevo a comer”. La respuesta obvia fue un “No” (era demasiado parecido a la típica táctica de los pedófilos ambulantes), así que le dije “Espera aquí, y te traigo un ‘combo’ de Mac Donalds”, para lo cual hubo otro “No”. Lo que el chamo quería era el dinero, no se por qué, no se para qué, pero no era para comer y crecer bien.


Así llegué a la conclusión de que o la caridad no sirve para nada, o que darle dinero a un niño de la calle no es caridad.